Avanzando hacia un cambio en la percepción y abordaje de la enfermedad de Párkinson

En el marco del VIII Simposium Trastornos Cognitivos en la enfermedad de Parkinson organizado por la doctora Rodríguez-Oroz y TEVA

San Sebastián, 13 de octubre de 2016.- La enfermedad de Parkinson ha sido siempre considerada un trastorno motor. Sin embargo, en las últimas décadas, ha aumentado el reconocimiento de manifestaciones no motoras, entre las que destacan las alteraciones cognitivas, psiquiátricas (por ejemplo, la apatía y depresión) y la alteración del sistema nervioso autónomo (control de la tensión arterial y de la función urinaria).

Desde hace varios años, estos síntomas han recibido especial atención por parte de los especialistas e investigadores debido a su elevada frecuencia e impacto en la calidad de vida de pacientes, familiares y cuidadores, siendo, actualmente, considerados parte integral de la enfermedad. Por todo esto, la doctora Rodríguez-Oroz junto con TEVA, han organizado la ya consagrada cita médica del otoño donostiarra, el VIII Simposio “Trastornos cognitivos en la Enfermedad de Parkinson”.

Del deterioro cognitivo leve a la demencia

“El deterioro cognitivo leve (DCL) en la enfermedad de Parkinson es un factor de riesgo de demencia que afecta al 27% de los pacientes no dementes, siendo la frecuencia de casi 40% en aquellos con enfermedad avanzada”, ha comentado la doctora Gasca-Salas, del Centro Integral de Neurociencias A.C. (CINAC) de Madrid. A pesar de la heterogeneidad de las investigaciones, los expertos allí reunidos han coincidido, en que la asociación de déficits cognitivos que implican una disfunción de regiones cerebrales específicas (corteza cerebral posterior), principalmente la disfunción visuoespacial, que incluye la capacidad para orientarse en los lugares así como ubicar los objetos en el espacio; determinarían un mayor riesgo de demencia en los próximos años.  

Además, tal y como explica la especialista: “la disfunción ejecutiva, donde incluimos resolución problemas, planificación o memoria de trabajo, las cuales aparecen frecuentemente al inicio de la enfermedad como consecuencia del déficit de dopamina, seguirían empeorando en la conversión a demencia”.

En este sentido, los profesionales han destacado que el riesgo de la demencia va a ser mayor en los pacientes de edad más avanzada (mayores de 70 años), que han iniciado la enfermedad de forma tardía y aquellos que llevan más tiempo sufriéndola. “En el caso concreto del DCL, los signos o síntomas que pueden aumentar en mayor medida el riesgo de conversión a demencia serían: la inestabilidad postural, tener un DCL más avanzado, la existencia de alteraciones visuoespaciales y las alucinaciones visuales”, apunta la doctora Gasca-Salas, que añade que la identificación de estos pacientes de mayor riesgo, es de utilidad no sólo desde el punto de vista clínico y pronóstico, si no en el desarrollo de terapias modificadoras de la progresión de la enfermedad.

Las alucinaciones, un trastorno frecuente pero escondido

Uno de los efectos cognitivos que más curiosidad despierta entre la comunidad científica y que más preocupa e incapacita a los pacientes son las alucinaciones. Estas tienen un curso muy similar a la demencia y son un marcador de gravedad de la enfermedad. “Se podría decir que la mitad de los pacientes con enfermedad de Parkinson puede tener alucinaciones durante el curso de su enfermedad”, señala el doctor Pagonabarraga, del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona.

Una de las ideas en las que el profesional ha incidido es en que la causa fundamental de las mismas es la propia enfermedad. “La disrupción progresiva de circuitos corticales implicados en la percepción del mundo externo es la causa subyacente, fundamental y real de que estos pacientes alucinen”, asegura el doctor. Los expertos consideran que, sobre esta causa central, hay factores que lo agravan como son los fármacos dopaminérgicos.

Asimismo, uno de los puntos que el especialista ha considerado fundamental para mejorar el tratamiento y el abordaje de este síntoma, es saber que las alucinaciones no son un elemento único de las fases avanzadas de la enfermedad, sino que se pueden presentar desde fases iniciales: “Detectarlas desde un inicio, ayudaría a mejorar su tratamiento y abordaje considerablemente”, resalta. En este sentido, ha destacado que es de gran importancia seguir investigando para encontrar un tratamiento farmacológico que resulte efectivo para las alucinaciones, pero que no acelere o empeore la función motora. 

TEVA apuesta por la formación de los trastornos cognitivos

Los asistentes a esta jornada pudieron conocer, de la mano de expertos nacionales e internacionales, las novedades más relevantes sobre los principales factores pronósticos y progresión a demencia y las necesidades de futuro a las que hace frente esta enfermedad. “Actualmente sabemos que los trastornos cognitivos incapacitan al paciente incluso más que los síntomas motores”, apunta la doctora Rodríguez-Oroz, directora de investigación en enfermedades neurodegenerativas del Instituto Biodonostia, del Hospital Donostia, del BCBL y directora del Simposio.

Durante la VIII edición se han presentado novedades en el modo de clasificar y de valorar a los pacientes susceptibles de sufrir demencia. También se ha reforzado la idea de que hay que seguir investigando en esta línea, ya que la calidad de vida de los pacientes, empeora conforme lo hace el deterioro cognitivo y aparece la demencia.

La doctora Rodríguez-Oroz concluye: “Por suerte y, gracias a este tipo de iniciativas, el interés de la comunidad científica, de los profesionales sanitarios, de los pacientes y de sus familiares está creciendo. Se ha producido un cambio de en la visión de la enfermedad”.

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